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El Niño del Carnero presenta...

El niño montado a un Capricornis (animal fabuloso) presenta a las figuras (piezas únicas de papel maché) de la artista plástica María Laura Castro Vázquez. Ellas representan leyendas y personajes peculiares que se inscribieron en el imaginario popular. Estos trabajos juegan como “ fantasías reparadoras”* en el escenario de la cultura cordobesa. Leyendas: “El burro con los chicos” y “La Pelada de la Cañada”. Personajes peculiares: “Jardín Florido”, “El Cabeza Colorada”, “La Papa de Hortensia”, “La Queterrelumbra”, “El Canillita”, “Las Moyanitas”, “Mucama/cocinera de las casas bien”, los “Estudiantes de las Pensiones”, el carrero “Don Aro”, “El Llavero” y “El hombre de la sombra”. Artista plástica: María Laura Castro Vázquez Narradora: Laura Vázquez Cabanillas *Beatriz Sarlo “Una modernidad periférica” de la revista “Nueva Visión” 1988.

Muestra en el Centro Cultural Municipal "Casa de Pepino"

Muestra de figuras en Papel Maché LEYENDAS Y HABITANTES PECULIARES DE LA CÓRDOBA DE ANTAÑO Artista plástica: María Laura Castro Vázquez Narradora: Laura Vázquez Cabanillas Inauguración 20 de mayo, 19 hs. Abierta hasta el 27 de Junio Centro Cultural Municipal "Casa de Pepino" Fructuoso Rivera 287, esq. Belgrano Tel.: 4343197 Horarios: martes a domingo de 9 a 13 y de 15 a 20 hs.

El Carrero "Don Aro"

Cuando en la zona del noroeste de la ciudad de Córdoba eran casi sólo quintas, Don Aro vendía el “alfa” (alfalfa) para los caballos de tiro y de andar en el Kilómetro 14. En los meses de vacaciones escolares aumentaba su clientela. Don Aro cantaba con alegría tonadillas y zarzuelas, con un juego de “o” profundo de tenor. Sólo lo hacía cuando conducía su carro por caminos de tierra. Al llegar a la calle “macadamizada” (asfaltada) hoy calle Ricardo Rojas, se dirigía a los distintos portones para entregar los fardos de “alfa”. Los chicos lo seguían: - “¡¡Don Aro… Don Aro…!!” y el los saludaba con su brazo en alto. Descargaba los fardos montándolos en su hombro, de uno por vez, y luego los apilaba en el galpón. Al salir, si en el carro había lugar, dejaba montar a los chicos y los llevaba hasta el portón de salida. Al retomar la calle levantaba nuevamente el brazo del “hasta siempre”. Artista plástica: María Laura Castro Vázquez Narradora: Laura Vázquez Cabanillas

Las Moyanitas

Cuando se iba para el centro después del mediodía (en la época que éste abarcaba sólo unas cuadras alrededor de la Plaza San Martín), frente a la panadería Marmandeza antes de llegar a La Cañada, se podía ver a “Las Moyanitas”. Eran dos hermanas, vestidas de negro, mantilla blanca una, con dos moños blancos en la cabeza la otra, guantes blancos, caras totalmente empolvadas con tiza o arroz. Saludaban sonrientes y tiesas, sólo moviendo sus deditos, paradas en el umbral de “la casa de alto” más angosta y descascarada de la ciudad (lo que les quedaba de su antigua herencia). La gente les contestaba el saludo con piedad y ternura pero sin detenerse como huyendo de una pesadilla graciosa. La historia de esas dos mujeres, era de soledad, necesidad y locura, pero los mayores tranquilizaban: -“Ellas estan bien… : tienen empleada y sobrinas que las cuidan, lo principal es que son felices en su propia casa”… Por las noches, los niños, en sus tibias camas, pensaban en “Las Moyanitas”: -“¿Dormir...

El Hombre de La Sombra

Walter nació en 1928. A los 7 años se instaló con sus padres en el Cerro de las Rosas, al lado donde años después se levantaría la gran antena de Canal 12. En sus lecturas, queda “buceando” en Leibnitz, filósofo y matemático alemán (…“la sustancia de lo existente son las operaciones que se realizan tanto en los cuerpos, como en el espíritu”…). De Pascal le fascina la geometría proyectiva: las rectas, los vértices, las intersecciones, los conos desplegados, el logro del Hexagrama Místico. Queda atrapado en ellos…Vereda y calle inmediatas a su casa*, se convierten en su campo de experiencias. Su cuerpo y la sombra que éste proyecta. El otro “él”: plano, transparente e inmaterial. Su sombra propia y la arrojada en el plano horizontal, estudiadas por Leonardo de Vinci. Cuando el tiempo se lo permite, desde temprano hasta el atardecer, sale y comienza sus circuitos: hacia delante, de espaldas para seguir el trazado y ver la proyecciónes de su cuerpo y su sombra. Los cálculos se cumple...

La Papa de Hortensia

La veías los mediodía de primavera frente a la Cañada, sentada en una banqueta contra el muro, la canasta llena en el suelo. De lejos, su aspecto era bonachón. Al escuchar su pregón: “-¡Vendo papas de hortensia!” la gente se le arrimaba pero su falta de higiene y sus modos torpes, le obligaba a tomar distancia. Las papas y papitas que vendía nadie las reconocía como de hortensias. No se sabía bien de que plantas eran. Los transeúntes dejaban unas monedas al lado de la canasta. Sin agradecer, ni sonreir, miraba para otro lado. Se contaba en el barrio que, algunas veces la policía la retenía en la comisaría por escándalo público, pero la soltaban enseguida porque se quitaba la ropa diciendo groserías. Su falta de simpatía con la gente fue histórica. Así pasó a la fama la iracunda Papa de Hortensia, curiosamente contrapuesta al sentido de la exitosa revista de humor cordobesa, así llamada, de Alberto Cognigni. Artista plástica: María Laura Castro Vázquez Narradora: Laura Vázquez Cab...

La Pelada de la Cañada

La leyenda cuenta de un fantasma más escuchado (llantos) que visto. Aparecía en las noches por las cercanías del Abrojal, hoy B° Guemes. Los que la vieron, la describieron como una mujercita vestida de blanco que se encogía y estiraba, deslizándose rápidamente de un lado a otro. Cuando dejaba caer su manto se veía su pelada lustrosa y rostro de calavera. Se arrimaba a los hombres solitarios que transitaban por las veredas, a medias iluminadas, y les decía un estribillo: - “Quico, llamalo a Perico, Caco, llamalo a Don Marcos..” Para luego escurrirse rápidamente. Como en toda leyenda hay señales interpretables de una configuración socio-cultural de la ciudad en esa época: -La figura de la mujer desvalida. -El señalamiento de la costumbre masculina de andar de noche “calaveriando”. -El temor de las secuelas de epidemias como el tifus que azolaban la ciudad.-El estribillo que parece una burla de las ordenes dadas por madres o patronas en sus casas o negocios. -La mendicidad, como coro...